Kehinde O. Adeniji, científica: “La privación crónica de sueño en personas mayores acelera el deterioro cognitivo y puede contribuir activamente al inicio y la progresión de las demencias”

Un equipo de investigadores de la Universidad de Ibadan, en Nigeria, analizó estudios médicos centrados en el sueño, publicados durante el último cuarto de siglo, para determinar cómo y cuánto le afecta al cerebro la privación del sueño.
En un mundo con rutinas de altas demandas, entre las responsabilidades laborales y las de la propia vida, resulta habitual que muchas personas trasnochen o no duerman lo suficiente.
Sin embargo, como ya es sabido, la falta de sueño le pasa facturas a nuestro cuerpo en el corto plazo. Cada vez más estudios científicos se centran en estos aspectos para fomentar la prevención del deterioro cognitivo y brindar herramientas mediante la divulgación.
La científica Kehinde O. Adeniji, autora principal del artículo destacado por la revista IBR Neuroscience Reports, centró la investigación en los efectos del insomnio en el hipocampo, la zona del cerebro responsable de la memoria, capaz de convertir los recuerdos a corto plazo en recuerdos a largo plazo.
La especialista en anatomía y neurobiología realizó un estudio sobre efectos de privación del sueño. Foto: LinkedIn/Kehinde AdenijiJunto a su equipo de colegas comprobaron que incluso los períodos relativamente breves de privación del sueño -tales como una sola noche de insomnio– perjudican la capacidad de retener información y procesar pensamientos con claridad al día siguiente.
“Las personas son más olvidadizas, tienen dificultades para tomar decisiones, gestionar su estado de ánimo y les resulta más difícil abordar problemas emocionales”, aseguraron el artículo.
La privación y mala calidad del sueño, un problema global
La falta de un buen descanso se asoció con efectos negativos en la función cognitiva del hipocampo, la acumulación de toxinas, el deterioro de las conexiones neuronales y la regeneración, así como con la inflamación cerebral, las mismas complicaciones que se reflejan en la experiencia de pacientes con Alzheimer.
Los investigadores sostienen que incluso una sola noche de sueño deficiente, o de ausencia total, podría desencadenar la peligrosa acumulación de beta-amiloide y tau, proteínas tóxicas relacionadas con la alteración de la función cognitiva.
Más allá de su función ya establecida en la consolidación de la memoria, los investigadores indicaron que “la privación del sueño representa un problema de salud pública emergente a nivel global”, y más aún en las regiones de ingresos bajos y medios, especialmente en África.
“Los factores estructurales, socioeconómicos y ambientales contribuyen a una mala calidad del sueño; hay evidencia de una alta prevalencia de trastornos del sueño en adolescentes y adultos jóvenes africanos, impulsada por las presiones académicas, la urbanización, el estrés psicosocial y la escasa conciencia sobre la salud del sueño”, detallaron.
Este nuevo relevamiento también busca ser un llamado a la concientización. “Si bien ya se ha examinado la relación entre el sueño y la memoria de forma general, muy pocos estudios lo han integrado con los contextos socioeconómicos específicos de cada región y de ciclo vital relevantes para poblaciones poco estudiadas, como las de África”, señalaron.
Los investigadores sugieren que sin un sueño adecuado la función del hipocampo se deteriora, lo que provoca la acumulación de desechos dañinos.
El hipocampo es fundamental en la consolidación de la memoria. Foto Shutterstock.Sus conclusiones indican que el hipocampo es muy sensible a la pérdida de sueño. La privación del sueño perjudica la plasticidad sináptica, reduce la neurogénesis y altera la señalización de neurotransmisores en los circuitos del hipocampo, produciendo déficits de memoria.
“La privación del sueño altera profundamente la memoria, desde la codificación hasta la recuperación, pasando por la consolidación, al modificar los mecanismos neurobiológicos y perjudicar los procesos cognitivos”, detallaron.
La crisis de sueño de los adolescentes
Los expertos afirman que estos resultados son una señal de alarma para todas las edades, pero destacan dos grupos de edad que resultan los más preocupantes: por un lado, los adolescentes, y por el otro, los adultos mayores.
Con el avance de la edad, el sueño se vuelve más ligero, más fragmentado y menos eficiente, con un aumento de los despertares nocturnos y el tiempo total de sueño.
El sueño de calidad cuida la salud cerebral de los adultos mayores. Foto Shutterstock.El envejecimiento altera la arquitectura del sueño y los ritmos circadianos, además las comorbilidades y el uso de medicamentos hacen que los problemas de sueño sean en gran medida multifactoriales.
“La privación crónica de sueño en personas mayores acelera el deterioro cognitivo y puede contribuir activamente al inicio y la progresión de las demencias”, sostuvo Adeniji.
La recomendación básica de un descanso de buena calidad de entre siete y nueve horas por noche, fue definida por los profesionales como “la mejor prevención” de la salud cerebral.
En cuanto a los adolescentes, los investigaciones remarcaron que en promedio muchos duermen menos de cuatro horas por noche, es decir la mitad del descanso recomendado para su grupo de edad.
Tabla con el tiempo de sueño recomendado para los diferentes períodos de desarrollo. Captura: www.ibroneuroreports.orgLos recién nacidos necesitan dormir entre 14 y 17 horas por día hasta los tres meses; los lactantes, de 4 a 11 meses entre 12 y 15 horas; niños pequeños de 1 a 2 años, entre 11 y 14 horas; niños de 3 a 5 años, entre 10 y 13 horas; y los niños de entre 6 y 13 años, de 9 a 11 horas.
En cambio, los adolescentes suelen necesitar dormir entre 8 y 10 horas de sueño. Los adultos jóvenes y de mediana edad entre 7 y 9 horas, y los adultos mayores entre 7 y 8 horas por noche.
“Los efectos de la privación del sueño son especialmente preocupantes durante la adolescencia por ser un período de mayor plasticidad neuronal, cuando la falta crónica de sueño provocada por la presión académica, las exigencias sociales y el uso prolongado de pantallas puede perjudicar el aprendizaje, la regulación emocional y los resultados cognitivos a largo plazo”, enumeraron.
Los adolescentes suelen trasnochar y exponerse a pantallas hasta altas horas. Foto: Shutterstock.“La vulnerabilidad de los adolescentes ante la restricción crónica del sueño afecta su desarrollo cognitivo, regulación emocional y su salud mental a largo plazo”, enfatizaron.
La siesta, una alternativa de “tiempo de recuperación neuronal”
Los investigadores aseguraron que las siestas diurnas cortas, de una duración de entre 10 a 30 minutos, pueden revertir muchos de estos efectos adversos en personas de todas las edades, restaurando la memoria, el estado de ánimo y la capacidad de atención.
En el caso de los adolescentes, si duermen siestas de 30 a 60 minutos al día de forma habitual pueden mejorar su atención, el razonamiento no verbal y su memoria espacial.
De todas maneras, enfatizaron que nada ofrece más ventajas cognitivas que el sueño reparador como rutina de vida, para mejorar los resultados del aprendizaje, la salud mental y la resiliencia cerebral a largo plazo.
“Aunque las siestas pueden funcionar como un tiempo clave de recuperación neuronal, se debe hacer todo lo posible para dormir las horas recomendadas por noche para cada grupo de edad”, aclararon.
Algunos consejos para dormir bien
- Mantener un horario de sueño regular: intentar acostarse y levantarse a la misma hora todos los días para ayudar a regular el reloj biológico, incluso los fines de semana.
- Establecer una rutina relajante antes de dormir: apagar las luces brillantes y las pantallas al menos una hora antes de acostarse.
- Los ejercicios de respiración profunda pueden ayudar a reducir el estrés: activan el sistema nervioso parasimpático, que calma el cuerpo, y estimulan la producción de melatonina, hormona esencial para conciliar el sueño.
- Mantener el dormitorio lo más oscuro y silencioso posible, a una temperatura agradable.
Fuente: www.clarin.com



